La maternidad me acerco a la escritura y fue un proceso que pasó sin darme cuenta. En medio del desasosiego por haber dejado mi vida profesional a un lado y mi intenso perfeccionismo por querer ser la mejor mamá, encontré en las palabras una forma de hacerme auto-terapia y liberar emociones mías y emociones de otros que observaba en esta nueva faceta sensible que se había despertado en mí.
De alguna forma escribir se volvió una forma de soltar tanta
información que acumulé en mi mente y por eso lo llamé “descargando mi mente”.
De alguna forma me sentía sofocada, aun teniendo tiempo para mí, pero no
lograba percibirlo. Era como si el ruido interno no me permitiera descansar del
todo…hasta que empecé a vaciar en un cuaderno. Los más lindo es que brotaron
sentimientos hermosos, de conexión profunda, de claridad, de gratitud y no siempre
surgían emociones negativas. La
escritura -sin haberla practicado antes- me asombraba como una vía silenciosa
pero poderosa era una herramienta para entenderme y me resultaba profundamente liberador.
Hoy, más de una década después, lo tengo muy claro: estaba comenzando
un proceso de sanación sin siquiera saberlo. La escritura fue una de las
puertas que se abrieron para acompañarme en este proceso. Fueron muchos retiros,
cursos y búsquedas constantes, en un intento de llenar un vacío que, en ese
momento, ni siquiera podía percibir que existía. Desde afuera parecía tenerlo
todo: un esposo maravilloso, un hogar estable, techo, comida, salud, padres
amorosos y un par de niñas sanas, completas y espectaculares. ¿Qué más podía
faltarme? Según mi lógica, nada. Y justamente eso era lo que más me confundía.
Estaba perdida, claramente. Intentaba definirme a través de
un rol, desde el hacer, no desde el ser. Necesitaba identificarme con algún título:
administradora, analista, vendedora, mama, consultora…lo que fuera. Había sido
entrenada -como casi todos- para encajar en una etiqueta en algo externo que
pudiera explicar quién era en este sistema. Necesita tener un rol para
definirme, pero lo que no podía ver en ese momento era lo más esencial del
todo: lo que realmente significa SER.
Ese pensamiento de que solo valemos por nuestra profesión, nuestros
logros o el cargo que ocupamos es profundamente limitante y miserable. Muchas
veces ni siquiera alcanzamos a ver nuestra propia grandeza. Somos seres
infinitos, creados por una inmensa energía amorosa y abundante, a la que todos,
sin excepción pertenecemos y que habita en cada uno de nosotros.
Nadie nos enseñó a ver esta esencia del ser, y es difícil de entender,
y aun más de explicar…. pero lo hemos tenido siempre frente a nuestras narices
y aun así no lo vemos. Tal vez lo más cercano a esta enseñanza es la religión. Crecí
en un entorno católico que terminé rechazando desde mi infancia. La necesidad
de control, la siembra de miedo y la culpa constante, hicieron que huyera de
cualquier institución que me hablara de Dios. Sentía que no podía conectar con
algo que me hiciera pequeña, culpable o condicionada.
Hoy, a mis 45 años, respeto profundamente todas las religiones,
pero no logro identificarme plenamente con ninguna. Entiendo y comprendo que en
el fondo de todas el fin es conectarnos con esta gran energía creadora -llámese Universo,
Dios, Madre, -o como cada quien lo sienta-. Esa energía siempre ha estado
dentro de nosotros. Pero yo la había borrado por completo, creyendo que era mi
mente quien debía gobernar en mi vida. Y así, desconecte mi corazón y apague
por completo mi intuición.
Por eso estaba perdida, desperdiciando esa grandeza infinita
que hay en mí y que todos compartimos. La mente es tan poderosa que controla cada
una de nuestras decisiones. Lo que muchos no entendemos es que toda esa
estructura mental es el resultado del control del ego, un ego al que nos enseñaron
a responder. Pero cuando logramos conectarnos con nuestro corazón dejamos salir
a flote esta sabiduría interior que está llena de amor y siempre ha estado ahí
esperando a ser escuchada.
Venimos al mundo con una capacidad incalculable de creación y
expansión, pero nadie nos enseñó a conectar con ella. Como dice la Biblia,
fuimos creados a imagen y semejanza de Dios. Eso significa que llevamos en
nosotros la misma capacidad de crear, de amar y de servir. Somos dignos de confiar
plenamente en nosotros mismos y en nuestro Ser Superior.
Renunciar a nuestro ego - que siempre exagera todo- ha sido,
sin duda, lo más liberador que he experimentado en este último año. Conectarme
con mi ser, confiar en mi intuición me ha liberado de diferentes conflictos.
Estoy en este mundo para crear, para disfrutar y para compartir. Nuestra
alegría, nuestro gozo, también es el gozo del Universo. Es nuestro estado
natural. Y nos pertenece a todos.
Sentir, sentir y sentir se ha convertido en mi nuevo mantra. Sentir para para abrir mi corazón. Sentir para permitirnos simplemente ser. Ser un ser integro, con capacidades intelectuales y por supuesto reconociendo mi naturaleza espiritual. Reconociendo la energía infinita que hay en mí para lograr aquello que nuestra limitada educación nunca nos enseñó.
Hoy elijo recordarme esto cada día, para no volver a
desconectarme. Estoy despierta. Estoy atenta a mi ser, para poder ser …y
entonces, hacer.
Yo Soy

Dicha leerte en ese recordar y reencontrar el alma. Es un viaje emocionante y alucinante! Ven a Bali y compartimos!
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