Después
de pasar por tercera vez en mi vida, y espero que ultima, por la URN (Unidad de
Recién Nacidos) de la clínica donde han nacido mis hijas me veo en la necesidad
de relatar un poco mi experiencia y lo que viven otras madres en esta
maratónica etapa que nos llega a la vida al azar, dejándonos extenuadas del
cansancio.
Asumo
que para cualquier madre que ha pasado varios meses esperando con mucho anhelo
la llegada de su bebé no es fácil comprender el porqué de volver a casa sin él,
sintiendo un enorme vacío y desasosiego, mientras su bebé permanece en la
clínica.
Cada
bebé es un caso y existen diferentes motivos por lo cual un recién nacido llega
a la URN. A simple vista me atrevo a decir que en su mayoría son neonatos, es
decir, bebes que no nacieron a término y se adelantaron. Otros llegan por
diferentes dificultades al momento de nacer y también bebes menores de un mes
que llegan por urgencias con virus o infecciones.
Cualquiera
que sea el caso, todas estamos ahí, al pie de su incubadora, ya sea alimentando
o simplemente viendo a su criaturita conectada a mil cables dando su primera
batalla ante la vida, y uno tratando de aterrizar entre la maternidad y el
trajín que implica esta Unidad.
La
Unidad de Recién Nacidos, como ya lo dije, es un espacio aparte que tienen las
clínicas para atender a los bebes. Para funcionar adecuadamente y poder prestar
un buen servicio tienen unas reglas y horarios muy estrictos para su personal y
para los padres de familia implicados. Cuentan con un staff medico muy completo de pediatras, enfermeras, auxiliares de
enfermería y terapeutas. No permiten recibir visitas y solo se permite el
ingreso de los padres del bebé, quienes deben lavarse las manos varias veces,
utilizar una bata que aleje cualquier posible bacteria y no se puede ingresar
con ningún “objeto contaminante”, como allá se refieren al reloj, celular,
pulseras, aretes, argollas…etc.
Así
no más suena fácil y sencillo, pero es inevitable olvidar alguno de estos
procesos y recibir más de un regaño al día, que igual se olvidara entre la
fatiga y confusión mental. Nosotras las madres no tenemos escapatoria de esta
Unidad por lo demandante que es la alimentación del bebé. En los intervalos
entre una alimentada y la siguiente hay que aprovechar el tiempo para visitar
el Lactario o Sala de Lactancia, para extraerse y dejarle leche materna al bebé,
ya que la Unidad no está adecuada para que los padres permanezcan las noches ahí.
Esta
sala de alimentación no sé si es una maravilla o una pesadilla. Por un lado es
excelente la opción que exista y no tener que cargar uno con extractor propio,
sino que la clínica te presta el servicio con modernos y los mejores equipos y
un aseo impecable. Pero una pesadilla de vivir en función, una vez más, de las
tetas y tenerlo que compartir con otras desconocidas. Como bien es llamado una
sala, el Lactario cuenta con asientos organizados en orden de cuadrado, donde
es inevitable ver y que otras vean como se extrae uno el alimento para el bebé.
Al
menos acá estamos entre mujeres y mal que bien todas estamos pasando por la
misma situación, unas más difíciles que otras, pero todas guerreando y dando lo
mejor de uno para nutrir a esos chiquitines y es ahí donde se me revuelven los
sentimientos, y admiro a cada mujer, a cada madre, a la mía, a mi hermana, a
mis amigas y sobre todo a mi abuela. Pienso tantas cosas…..que ingenua fui, y
que poco dimensiona uno la maternidad hasta que lo vive. De repente algún pezón
antiestético o alguna conversación ajena entre otras madres me hacen aterrizar
y volver a poner los pies en la tierra. Me rio de mí, de las otras y hasta de
la situación. Salgo afanada nuevamente a hacer un trámite de registro, Eps,
Oxigeno, lo que sea, para volver a entrar a la Unidad y lactar.
Y
así se pasan los días mientras estás en la Unidad, ni un segundo para ver una
noticia o responder mil mensajes y llamadas que aparecen en el “objeto
contaminante” llamado celular. Lástima que no me tocó esta etapa por esta época
de elecciones y ni enterarme de tanta política sucia de este país.
Menos
mal la etapa ya paso y mis dos hijas están bien, pero definitivamente no
quisiera regresar nuevamente. Hoy en día doy gracias de encontrarme en casa
disfrutando a mis niñas sanas y salvas.
Hasta la vista URN!
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